DELEGAR Y SOLTAR CARGAS SON LOS MEJORES ALIADOS
Los ajustes son necesarios cuando nos enfrentamos a una enfermedad crónica
Hay que estar preparados para los cambios que se presentan en cada etapa y tener una alta dosis de paciencia, creatividad y tolerancia para enfrentar el manejo de un enfermo en casa.
Al principio cuando nos enfrentamos al cuidado de un enfermo crónico en casa se piensa que no vamos a ser capaces de sobrellevar esta situación. Nos cuesta trabajo entender la enfermedad, buscar ayuda, encargarnos de los medicamentos y adecuar los espacios dentro de la casa. Pero una vez ya organizadas las rutinas diarias nos vamos enfrentando a nuevos retos que llevan a buscar alternativas distintas para mejorar nuestra calidad de vida.
Es el caso de Ángela que tiene a su mamá Alicia viviendo con ella porque le diagnosticaron cáncer. Cuando los médicos les dieron la noticia, la enfermedad estaba en la etapa inicial y aún los síntomas no eran tan evidentes. Los médicos le aseguraron a Ángela que al detectarse con tiempo podía existir la posibilidad de que no fuera mortal. Ella tomó las riendas de la situación y se dedicó a investigar todo sobre la enfermedad y su cuidado.
Organizó su casa en función de las necesidades de su mamá, se metió a grupos de apoyo y se dedicó a darle el mejor de los cuidados, buscando actividades al aire libre que le generaran bienestar. Los días fueron pasando y la enfermedad empezó a causar síntomas de cansancio, debilidad y dolor. Ángela por más que estaba preparada se sintió deprimida y muy sola. Intentaba seguir con la rutina que venía y de un momento a otro ya su mamá no era la misma, no quería comer, se quejaba de dolor y poco dormía.
En ese momento Ángela supo que tenía que buscar ayuda. Así que acudió a Attenti y contrató un servicio de 12 horas en el día para que le ayudaran a manejar a su mamá. Al principio el adaptarse a una nueva persona en la casa no fue fácil. Ella ya tenía el manejo y pretendía que las cuidadoras fueran perfectas. De la misma forma, Alicia no aceptaba la ayuda de nadie distinta a Ángela y por su condición estaba irritable y muy agresiva. Después de ensayo y error aceptaron dos auxiliares (una que trabaja de lunes a viernes y la otra fines de semana) y se han adaptado y ayudado en todo el proceso. Sin embargo, la comunicación entre mamá e hija desmejoró y todo se limitó a las tareas diarias.
A medida que avanzaba la enfermedad, Alicia no toleraba ciertos alimentos, perdió el apetito y tenía dificultades para comer sola. Todo esto llevó a cambiar menús y ensayar recetas saludables. Al tener tiempo durante el día, Ángela empezó a preparar recetas caseras para subirle las defensas a su mamá, contrarrestar los efectos de la quimioterapia y radioterapia y ayudarle en la buena digestión. Empezó a comprar arándanos, almendras, sábila, ciruelas, entre otros y armó una dieta alimenticia para mejorarle sus condiciones de vida.
La economía de Ángela se vio afectada porque los gastos se duplicaron y ya no le alcanzaba para todo lo que necesitaba. Empezó el estrés y la ansiedad porque por más que lo intentaba su mamá estaba cada vez más impedida y requería de más cuidados. Los médicos ya habían hecho todo lo posible por alivianar los dolores pero aun así Alicia cada día iba para atrás. Las noches era eternas y llegó un momento de desesperación y mucha tristeza.
Sentía que todo lo que había leído no era ni comparación con lo que ella estaba viviendo en ese momento y decidió apoyarse en los que habían vivido situaciones similares y encontró que todo era parte del proceso. Que cada etapa es un nuevo comienzo e implicaba nuevos retos.
Tomó la decisión que tenía que buscar mejorar sus ingresos y qué mejor que preparando almuerzos caseros porque era lo que había estado trabajando todo este tiempo. Empezó a ofrecer menús para personas con estado de salud delicado y con una vecina las empezaron a repartir. Aparecieron clientes permanentes y todo lo que le cocinaba a su mamá y a ella le gustaba, lo replicaba para sus clientes. De nuevo se sintió aliviada y contenta.
Su entorno cambió y ahora Ángela se comunica más asertivamente con su mamá y con las cuidadoras. Aceptó que no debe tener el control de todas las situaciones y que hay que ser flexibles para crear ambientes más agradables. Muchas veces sabemos que necesitamos apoyo y lo conseguimos pero no queremos soltar responsabilidades por miedo o sentimientos de culpa. El problema es que si no aceptamos que no somos perfectos afectamos nuestro entorno, no ayudamos a nuestros familiares y no nos permitimos buscar nuevas y mejores alternativas.