Todos pueden asumir un rol en el cuidado

Cada uno de los familiares de personas con enfermedades degenerativas es responsable de su cuidado, de acuerdo con sus habilidades y posibilidades.

Cuando se asume el cuidado de un familiar, hay que permitir que los más cercanos asuman su responsabilidad frente a la situación y que a partir de sus cualidades, sus aptitudes y experiencias generen bienestar tanto para el cuidador como para el paciente.   

Y es que las familias enfrentan este tipo de problemática donde uno de los hijos asume el papel de cuidador y no permite que los otros hermanos, hijos o nietos se involucren, con la excusa de que no tienen la fortaleza ni la capacidad de servicio para asumir la responsabilidad, pero en el fondo es porque no quieren que les quiten esa necesidad de sentirse indispensables. 

Cuando a Lucía le diagnosticaron demencia senil, su hija Luz Estela se dedicó exclusivamente a cuidarla. Inicialmente sus dos hermanos iban con toda su familia a visitarlas con frecuencia y les preocupaba la situación, porque sabían que era una enfermedad progresiva y no tenía cura.  Para ellos lo mejor era buscar alternativas como contratar una auxiliar de enfermería en la noche y turnarse con las sobrinas o cuñadas para remplazar a Luz Estela tres veces a la semana. Sin embargo, para ella esas soluciones no eran viables y al contrario se molestaba porque creía que estaban criticando su labor de cuidadora. 

A pesar de su resistencia el hermano menor Julián iba con frecuencia a visitar a su mamá y pasaban horas conversando, le leía cuentos sobre temas de historia, hablaban del pasado, le llevaba fotos y le ponía la música que le gustaba a Lucía lo que la ponía a bailar y a cantar. Cuando salía Julián, Lucía volvía a perderse en la memoria, pero siempre con una sonrisa le decía a su hija lo mucho que disfrutaba estando con ese muchacho tan agradable y educado. 

Para Luz Estela lo que hacía su hermano no eran cuidados necesarios y lo regañaba porque en ocasiones entristecía a su mamá y la hacía recordar momentos difíciles, además, no ayudaba en los quehaceres de la casa, ni se preocupaba por los medicamentos, ni por lo que los médicos decían. A tal punto que Julián empezó a sentir que realmente era poco lo que podía hacer por su mamá y dejó de visitarla tan seguido. Pasaban semanas sin que él apareciera por la casa.

Así que, los hermanos, los nietos y las cuñadas al no sentirse incluidos se alejaron y aunque sentían la necesidad de ayudar no lo hacían por miedo a hacer algo que terminara empeorando la situación.

El tiempo fue pasando y la enfermedad de Lucía era cada vez más complicada, repetía una y mil veces la misma cosa, ya no podía vestirse ni bañarse sola y poco dormía. Luz Estela empezó a no tener energías, vivía irritada y de mal genio lo que la llevó a buscar ayuda profesional en el día y en la noche con Attenti.  Aunque al principio no fue fácil porque Luz Estela no confiaba en nadie para el cuidado de su mamá y por su lado Lucía no quería estar con nadie distinto a su hija, con el tiempo las dos se acostumbraron a las auxiliares.

De la misma forma, Luz Estela empezó a asistir a talleres sobre el cuidado de personas con demencia. De ahí entendió lo importante que era apoyarse en su familia y lo valioso que era para Lucía tener actividades que estimularan sus sentidos. 

Así que invitó a sus hermanos y les explicó la situación. Ellos ya no tenían mayor disposición de ayudar porque se acostumbraron a que su hermana se encargaba de todo. Pero llegaron a acuerdos y actualmente entre todos toman decisiones y se ayudan diariamente en el cuidado, brindando lo mejor para su mamá. El mayor siempre llega con mercado, en especial con aquellas delicias que le gustan a Lucía y se apoya mucho en sus hijas y su esposa para reemplazar a Luz Estela. Julián, por su parte, retomó las tardes de libros, historias, recuerdos y música y así pasan las tardes mientras su hermana descansa y se toma un tiempo para ella.

No hay que enfrascarse en que no hay soluciones cuando estamos agotados y sin alientos. Cuando permitimos que otros ayuden, las dinámicas cambian y asumimos con mejor energía y positivismo el cuidado diario, dando la confianza y el apoyo para que todos den lo mejor de acuerdo a sus habilidades y virtudes. 

 

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